MI CORAZÓN EN GALICIA
Desde los acantilados occidentales del cabo Finisterre, considerado por los romanos como el fin del mundo, hasta una línea imaginaria conocida como la mitad del mundo existía una abrumadora distancia. Sin embargo, algo en mi espíritu marinero hacía que Galicia estuviera más cerca de mi corazón mucho tiempo antes de aterrizar en Culleredo.
Mi primer viaje a España, justo a la indomable costa atlántica donde aún se refleja en el horizonte la luz nostálgica del faro de Hércules, era sin duda una emoción indescriptible.
De repente, la hecatombe. Elviña era inalcanzable, la puesta en escena de una obra apocalíptica al estilo de Loureiro, protagonizada por un plebeyo con corona ponía en jaque al mundo, al de la mitad y al del fin, a occidente y a oriente.
María Pita no tuvo tiempo de avisar su macabra llegada, se propagó de repente y sumió en el dolor a La Coruña, Vigo, Lugo, Ourense y Pontevedra. Las Cíes quedaron aún más aisladas.
El camino de Santiago se volvió tortuoso, anticipándome que el horizonte se tornaba gris. Sin duda Obradoiro estaba cada vez más lejana, pero las rías altas de Galicia cada vez más cerca de mi corazón enamorado.
Héctor Carvajal Romero